El Pávido Návido y el cordón del churumbel

20081001

no, no se olvida, aún



MEMORIAL DE TLATELOLCO
Rosario Castellanos

La oscuridad engendra la violencia
y la violencia pide oscuridad
para cuajar el crimen.
Por eso el dos de octubre aguardó hasta la noche
para que nadie viera la mano que empuñaba
el arma, sino sólo su efecto de relámpago.

¿Y a esa luz, breve y lívida, quién? ¿Quién es el que mata?
¿Quiénes los que agonizan, los que mueren?
¿Los que huyen sin zapatos?
¿Los que van a caer al pozo de una cárcel?
¿Los que se pudren en el hospital?
¿Los que se quedan mudos, para siempre, de espanto?

¿Quién? ¿Quiénes? Nadie. Al día siguente, nadie.
La plaza amaneció barrida; los periódicos
dieron como noticia principal
el estado del tiempo.
Y en la televisión, en la radio, en el cine
no hubo ningún cambio de programa,
ningún anuncio intercalado ni un
minuto de silencio en el banquete.
(Pues prosiguió el banquete.)

No busques lo que no hay: huellas, cadáveres
que todo se le ha dado como ofrenda a una diosa,
a la Devoradora de Excrementos.

No hurgues en los archivos pues nada consta en actas.

Más que aquí que toco una llaga: es mi memoria.
Duele, luego es verdad. Sangre con sangre
y si la llamo mía traiciono a todos.

Recuerdo, recordamos.
Ésta es nuestra manera de ayudar a que amanezca
sobre tantas conciencias mancilladas,
sobre un texto iracundo, sobre una reja abierta,
sobre el rostro amparado tras la máscara.
Recuerdo, recordemos
Hasta que la justicia se siente entre nosotros.

Etiquetas: , ,

20080919

una pausa, para recordar

Según cifras del inegi, 4 281 983, de un total de 8 720 916 habitantes del Distrito Federal, tienen 30 años o menos. Es decir que casi la mitad de los chilangos no vivió o no se acuerda de los sismos que hirieron para siempre a su ciudad. Pero bastan los testimonios de quienes sí experimentaron los movimientos telúricos del 19 y 20 de septiembre de 1985 para saber la magnitud de la tragedia que la ciudad de los palacios (de hierro y de cartón) apenas ha comenzado a sacudirse.
Para la gente de la generación del Pávido Návido, que no es chilango sólo porque no duerme en el Distrito, la infancia y la adolescencia transcurrieron con un deprimido paisaje urbano, cientos de edificios reducidos a escombros poblaban las colonias de paso obligado, campamentos de damnificados esperaban junto a salones de baile una respuesta que tardó un par de décadas en llegar, hoteles que cedían su lujo a la obra negra del abandono, un centro histórico rebosante de grietas y cascajo.
Para nosotros fueron comunes los simulacros en la escuela, los instructivos de emergencia junto a los elevadores, las palabras "protección civil" y los cursos de primeros auxilios, la civilidad y la ecología nacieron con nuestro ingreso a la primaria y el miedo de los adultos a volver a sepultar tantos cadáveres en un campo de béisbol.
Los estragos del temblor marcaron nuestra relación con la ciudad y los recuerdos de quienes nos anteceden: "estaba junto al Super Leche", "era el bar del Hotel del Prado", "vivía ahí, por donde se murieron las costureras", "no, sí Tlatelolco nunca ha sido bonito, pero antes del temblor no estaba tan mal", "pues a mí me sigue dando miedo la Roma", "imagínate, ya no estaba cuando se cayó el edificio en el 85", "pues por eso se fueron a Mérida".
Mientras se escribe este post, las primarias del derredor tocan sus alarmas sísmicas, no tenemos la certeza de salvar la vida cuando vuelvan a ocurrir los 8.1° Richter en las entrañas del Valle de Anáhuac, tampoco sabemos si pueda resurgir la solidaridad colérica y rabiosa con la que la banda respondió a la tragedia, tanto pinche teletón y méxico iluminado han atrofiado nuestro sentido de comunidad.
Una de las microhistorias que sintetiza las pérdidas y la tristeza que comenzaron a las 7:19 de la mañana de hace 23 años, es la de Rockdrigo González, El Profeta del Nopal, que murió entre los escombros del edificio que habitaba en el número 8 de la calle de Bruselas en la Colonia Juárez. Ahora ahí hay un estacionamiento.

Post Tenebram Spero Lucem



Etiquetas: , , , ,

20080606

"...Tienen nombre, sólo un nombre;/ se llaman fraternidad..."

Supongamos que una persona fina y respetable vive en un determinado país (no tan fino ni tan respetable) y que el lema del gobierno del país en donde vive la persona fina y respetable es algo así "Para que la existencia de todos no sea tan peor". En aras de que su existencia sea menos peor, la persona fina y respetable asiste a un concierto que se anuncia interesante: Bach, Haendel y Mozart, con una buena orquesta y un buen solista.
Supongamos que cuando la persona fina y respetable llega al teatro donde será la función, al que podríamos llamar Teatro Blanquito, se da cuenta de que ha sido dispuesto al rededor de éste un importante número de guardias (muchos de ellos sin insgnia que identifiquen la institución de su procedencia lo cual es ilegal en el determinado país), además una serie de vallas impide el libre tránsito por la explanada (al parecer esto también es ilegal en el determinado país).
Supongamos que en el afán de que la existencia de todos sea menos peor, el recinto dentro del cual se encuentra el Teatro Blanquito ha sido dividido en dos: en una parte se inaugura una exposición retrospectiva de bocetos comprados en un mercado de curiosidades al cual podríamos llamar El Laguillo; la otra parte la ocupa el Teatro donde se presentará la orquesta.
Supongamos que para ingresar a la exposición sólamente es necesario presentar invitación, la cual se expide sin erogar un sólo peso (o la divisa que utilicen en el determinado país), si acaso hay que cuidar un poco el vestir, por aquello de que habrá prensa en la inauguración y siempre es mejor disfrutar de un ambigú con garritas decentes.
Supongamos que para ingresar al concierto es necesario pagar una suma superior al salario mínimo en el determinado país (si esque en ese país hay la vulgaridad de los salarios mínimos), formarse unos quince minutos para pasar un primer retén de vallas, hacer fila otros minutos para ser revisado por un arco de seguridad y mostrar las pertenencias a uno de los vigilantes, que por cierto no son menos de dos por metro de valla.
Supongamos que para que los invitados a la exposición no se mezclen con quienes pagaron para escuchar el concierto, sólo se abre la planta baja del Teatro Blanquito, a excepción de las últimas filas en las que los vigilantes (si no fuera el determinado país podría pensarse que son militares vestidos de civil, pero como en el determinado país los militares son muy discretos esta duda se disipa) impiden, eso sí con cortesía, que el público se siente.
Supongamos que está a punto de comenzar la función y los asistentes no cuentan con su programa de mano porque los vigilantes han impedido el paso de los paquetes que los contenían. Por cierto, cuando en el intermedio, ya sin presencia vigilante, fueron repartidos dichos programas el público notó que en la contraportada de éstos se lee la bonita frase gubernamental de igualdad y porvenir.
Supongamos que en el determinado país los llamados a la unidad se han vuelto tan cotidianos que la verdadera división social no se nota.
Post Tenebram Spero Lucem.

Etiquetas: ,

20080306

la hora marcada

Resulta que está de modita en los vagones del metro y en las cervecerías de Tacuba esta canción de ese baluarte de la lírica mexicana que es Joan Sebastian, interpretada por ese otro baluarte del grecian 2000 que es Vicente Fernández, se llama "Estos celos":


Ustedes, queridos lectores, saben que al Pávido Návido no le laten los charritos de película del nueve, pero esta canción llamó su atención poderosamente cuando una extraña explicación, al parecer tomada de un programa de Jaime Mausán, le hizo ver que la melodía de la rola está basada en esta otra:



La verdad da miedo, no recordamos exactamente la rola pero sí remite a los años pueriles. La versión que encontramos en Youtube tiene, además, la peculiaridad de haber sido empatada sobre el video de unos takas takas en un concurso de baile. Sick, sad world. Post Tenebram Spero Lucem.

Etiquetas: , , ,


adopt your own virtual pet!